2007: Octavo Centenario de la Regla de San Alberto


La Regla del Carmelo en la Vivencia de las Monjas
Ponencia dada en el Congreso Latinoamericano que celebra el Octavo Centenario de la Regla. Celebrado en la Villa Carmelitas de Lurín por la Comisión Mixta O.Carm. y O.C.D.

Queridos hermanas y hermanos en el Carmelo:

Los saludamos en el Señor, manifestándoles nuestra gratitud y alegría al compartir con todos Uds. este momento de gracia en familia, al celebrar el Octavo Centenario de la Regla de San Alberto.

El tema que compartiremos será “La Regla del Carmelo en la vivencia de las monjas”, y se basa en la experiencia de nuestra vida cotidiana.

Nuestra vida enteramente contemplativa echa sus raíces en el precepto más significativo de la Regla de san Alberto; el que confiere su identidad más propia: “Vivir en obsequio de Jesucristo” (Rc 1,2), “meditando día y noche la ley del Señor y velando en oración” (Rc 1,10). Vivimos el seguimiento de Cristo, como carmelitas, siendo mujeres orantes y contemplativas. De esta manera la contemplación de la belleza de Dios ha llegado a ser para nosotras a través de la Regla nuestra mejor herencia y todo nuestro programa de vida.

El origen histórico de los monasterios de monjas carmelitas tras la Bula de Nicolás V Cum nulla (6 de Octubre 1452), coincidió con un momento de renovación, al interno de la vida de la Orden, caracterizado por un retorno a la vocación originaria del Carmelo a la oración y a la contemplación. Los monasterios de monjas, con su modo de vida fuertemente centrada en la oración y la comunión íntima con Dios, en un clima de sencilla fraternidad evangélica, lograron plasmar una modalidad de vida contemplativa que se inspiraba en la Regla de San Alberto, y que sería un claro punto de referencia para toda la Orden.

Nosotras Carmelitas Descalzas, hijas de Santa Teresa de Jesús, miramos la Regla con los ojos y el corazón de nuestra santa madre, que como ella deseamos con determinación y recordando Todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación (porque este fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro” (5M 1,2) .

La Regla fue su punto de mira constante en su empeño de fidelidad al espíritu de la Orden y en cu cuidado por mantener la comunión espiritual con los padres del Carmelo,”Daré yo por bien servido….

En cada uno de nuestros monasterios florece el amor y la fidelidad que ella cultivó y vivió, pues siempre quiso vivir la Regla y “guardarla” con la mayor perfección que pudiese.

Preparándonos para este Congreso sobre la Regla, hemos elaborado, con la cooperación de diversos monasterios, un doble trabajo: un estudio más amplio y documentado sobre la Regla del Carmelo en la vivencia de las monjas, y una semblanza mas concreta de esa misma vivencia, como monjas carmelitas. Nos ha parecido lo más oportuno presentar a esta importante Asamblea esta sencilla semblanza vivencial, dejando el trabajo mas amplio para su eventual publicación en las Actas del Congreso.

Llamadas a vivir en obsequio de Jesucristo .

Queremos con nuestra vida ser testimonio generoso de entrega al amor de Dios, expresado en la Regla en vivir una vida en “ obsequio de Jesucristo, sirviendo lealmente con corazón puro y buena conciencia” (RC 1,2). Solamente un corazón puro es capaz de ver con los ojos de Dios, la Carmelita está llamada a ver a Dios en cada acontecimiento y suceso de la vida, en cada dolor y alegría, viviendo todo como un sacramento por el que Dios se comunica al alma, la Regla nos enmarca en esa clave de actitud evangélica de “ Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt. 5,8).

Nuestra vida es testimonio vivo de un amor sin reserva, de entrega absoluta al amor de Dios, en donde “ Solo Dios basta ”; expresado en la consigna de la Regla de: “amar al Señor vuestro Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y al prójimo como a vosotros mismos” (Rc IV,19)

Vivir en “ Obsequio de Jesucristo ”, nos compromete mediante los votos a “ darnos todas al todo sin hacernos partes ” (C 8,1).

Abrasamos la vida religiosa, bajo el patrocinio de la Santísima Virgen María cuya forma de vida constituye para nosotras el modelo de consagración y configuración con Cristo.

•  Vida de oración

En la Regla ve Teresa como su precepto central, el llamado a la oración continua. “Dice la primera Regla nuestra que oremos sin cesar. Con que se haga esto con todo el cuidado que pudiéremos, que es lo mas importante no se dejará de cumplir”(C 4,2) . Ella ve como el elemento más significativo la Oración continua “Orar sin cesar” “meditando día y noche en la ley del Señor y velando en oración” (III,10). Nuestro horario nos lleva a dedicar los mejores momentos par a estar con el Señor, realizando todo bajo su amorosa mirada, permaneciendo así en la presencia del Dios vivo, al igual que N. P. San Elías, seducido por esa leve brisa, interiormente buscamos la atmósfera propicia para el encuentro, “ Tenga cada uno de vosotros celda individual separada” (Rc. II,6) “porque el estilo que pretendemos llevar es no sólo ser monjas sino ermitañas (C 12, 6).

Alimentamos nuestra oración con la Palabra de Dios, a fin de que “ pueble colmadamente nuestros labios y el corazón ” (Rc. IV,19), y así permanecer en una vigilancia amorosa cimentada en la fe.

El objetivo de la Regla está completamente orientado al “Seguimiento de Cristo”, la única Palabra del Padre; por eso al igual que la Virgen María la acogemos en silencio de la adoración y la hacemos resonar continuamente en nuestro corazón.

Empezamos cada jornada con la Oración de Alabanza; expresándola en nuestra Liturgia diaria, alabamos al que es nuestro Dios y Señor. Tenemos viva conciencia de nuestra vocación de todo el pueblo de Dios. Como los apóstoles en el cenáculo, nos sentimos unidas y reunidas en torno a la Virgen María nuestra Madre, Señora y Patrona.

Como comunidad recreada por la fuerza del Espíritu tenemos nuestra fuente y culmen la Eucaristía diaria en donde Cristo se nos entrega como Don esponsal. Por medio de la Eucaristía, nos unimos en torno al misterio del amor de Dios, que nos comunica su santidad y gracia; nos insertamos plenamente en la comunión de la Iglesia, “ lugar de la ternura de Dios” (Benedicto XVI, Discurso a los jóvenes JM. 2005); haciéndose signo singular de unión íntima con Dios de toda la comunidad cristiana.

•  Vida fraterna.

Nuestra vida fraterna es fruto del encuentro con Cristo esposo, ya que el amor a Dios nos abre a nuestros hermanos, y la comunión con nuestros hermanos nos lleva a un encuentro mas profundo con el Señor.

La Regla nos da los elementos esenciales, de esta vida en común: La Eucaristía, la Liturgia de las Horas, la mesa en común, la comunión de bienes, la corrección fraterna, el trabajo; viviéndolo todo en espíritu de familia “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”(C 4, 7). Como pequeño “Colegio de Cristo” (CE 20,1), nuestros encuentros son fraternales viviéndolos con alegría, espontaneidad y sencillez, abriéndonos a la gratuidad del amor . Así nuestra vida fraterna da equilibrio evangélico a nuestra comunidad contemplativa; ampliándose el deseo de Ntra. Sta. Madre de ser no “ solo monjas sino ermitañas”.

En este sentido también la obediencia fortifica nuestros lazos, uniéndonos en un solo corazón y una sola alma, procurando vivir en corresponsabilidad “ Que es reflejo de la amorosa correspondencia de las Tres personas ” (VC. 21), así mismo la autoridad del Prior en la Regla se manifiesta en el servicio diligente y atento a sus hermanos, “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor” (RC, 20), y la exhortación a los hermanos de: “tratad con deferencia y humildad a vuestro Prior, fijándoos más que en su persona en la de Cristo” (Rc.

De esta manera la obediencia, nos hará vivir, en aptitud completamente disponible, buscando unidas la voluntad de Dios, manteniendo así la alianza sellada con Él.

Siendo, también el trabajo un medio de santificación, la Regla nos exhorta a ponerlo en práctica, lo mejor de nuestras energías y cualidades al servicio de la comunidad, asociándonos con generosidad a la obra redentora de Cristo.

La presencia de la Virgen María entre nosotras sus hijas, nos anima y acompaña en el esfuerzo constante de revestirnos de sus virtudes.

•  NUESTRO APORTE

Las Carmelitas contemplativas vivimos con humilde agradecimiento la certeza de nuestra misión en la Iglesia: Dar testimonio de la “ primacía de Dios” (Juan Pablo II), pues la vida de la Carmelita es un vivir en obsequio de Jesucristo permaneciendo en su presencia en un clima de fraternidad.

Plega a Su Majestad que nos de abundantemente su gracia para que no se pierda tan gran principio [pues que en cada una de nosotras] torna a comenzar esta primera Regla de la Orden de la Virgen nuestra Señora” (F. 27,11)

Cada Carmelita es una expresión de la Regla y en nosotras sigue cobrando fuerza y actualidad, tenemos una norma de vida que abarca la totalidad de la persona, y al mismo tiempo nos llama a dar mas, a “ rebasar el estricto cumplimiento” (Rc. VI,24) nosotras la vivimos en una intensa vida de oración y silencio “encerradas pelemos por Él”, nos sentimos Hijas de la Iglesia y creemos que nuestra vida puede ser luz que llegue hasta el confín de la tierra “Un solo acto de amor, hace mas bien a la Iglesia, que todas las obras juntas”(Dichos de luz y amor )

Somos “ portadores de luz” (Benedicto XVI), viviendo con fidelidad nuestra vocación de Carmelitas, “tenemos una gran herencia que transmitir, somos cimientos de los que están por venir.

De nada sirve decir a las nuevas generaciones grandes cosas sobre la Regla, si para nosotras no es una norma de vida, “un proyecto común”, nuestra Regla “es un buen camino de santidad ¡A recorredlo!”.

Agradecidas por la invitación a compartir nuestra vivencia de la Regla en este Congreso Latinoamericano que celebra el Octavo Centenario de la Regla, les renovamos nuestro cariño y presencia orante; que la Reina y hermosura del Carmelo, haga florecer “Su Viña” Florida con abundantes y santas vocaciones.

SANTUARIO ARQUIDIOCESANO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
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